Amor,
los poetas decimos cosas bonitas de forma repetitiva.
Lo entiendo,
porque cuando el amor es real
las palabras insisten,
se tropiezan entre sí,
vuelven una y otra vez.
Pero también hay algo contradictorio en todo esto.
Neruda decía
que podía escribir los versos más tristes esa noche,
y luego afirmaba que la noche estaba estrellada.
Y yo pienso:
no puede haber tristeza
cuando los astros siguen ahí,
recordándonos lo hermoso.
Benedetti decía me dueles,
cuando la persona no estaba a su lado,
pero el simple hecho de que existiera
ya era un paraíso suficiente.
Guadalupe Amor advertía:
no te acerques a mí que mis rayos te carbonizarán,
pero ella no amaba como yo,
con la intensidad del sol
que no prohíbe quemarte
porque confía en que sabrás quedarte.
A eso voy, amor:
aunque los poetas nos contradigamos,
ahí encuentro sentido para lo nuestro.
Porque te amo tanto
que no puedo quitar el ego de este amor
que siento mutuo,
tan lindo,
tan único.
Quiero que sepas algo con claridad:
cuentas conmigo.
No una,
ni dos,
ni tres veces.
Siempre.
Te amo infinito,
galaxias,
y todo lo que aún no sabemos medir.

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