Hubo un tiempo
en el que me perdía para que me quisieran.
Me hacía pequeño,
me callaba,
me doblaba como papel mojado
con tal de no incomodar.
Confundí amor con aguante,
lealtad con silencio,
y paciencia con miedo.
Me quedé donde dolía
porque pensé que irme
era fracasar.
Hoy no.
Hoy sé que no todo lo que duele enseña
y que no todo lo que se queda merece quedarse.
Aprendí que quien te ama
no te rompe para sentirse más grande,
no te apaga para brillar,
no te exige desaparecer para existir.
Aprendí tarde,
pero aprendí.
Ya no me explico de más.
Ya no persigo miradas que nunca estuvieron.
Ya no negocio mi dignidad
por migajas de presencia.
No soy perfecto.
Soy consciente.
Y eso me costó pérdidas,
pero me salvó la vida.
Si alguna vez me busqué
en cuerpos ajenos,
en promesas rotas,
en palabras que no se sostenían,
hoy me encuentro
en este lugar incómodo y firme
donde ya no me pierdo
para que alguien más se quede.

Deja un comentario